No es lo mismo
estar afuera de la jaula
que volar.
Lo digo por aquel
pobre invalido,
cuya escapatoria
llevó más años
que la de quien tiene pies.
Porque qué fácil es correr
cuando una situación no nos gusta
pero tú has pensado qué pasaría
si no pudieras
ser un cobarde.
O por lo menos huir
no hay remedio
tienes que aplastarte
a engullir el presente
con calma.
Esto es lo que hay
dice la vida
y tú te tocas las ampollas
que las cadenas
han dejado en tus manos.
Y te dices
sin piernas y sin brazos.
La parálisis también frena
y te vas pudriendo
como el agua en las coladeras
que nada tienen de mar.
Todos hacen reverencia a las olas
pero nadie quiere zambullirse
en agua turbia
pero eso es lo que te mantiene acá
con vida
el bombeo del agua corrupta
que para ni tirar el caño
te dicen
porque contamina
y tú ves cómo el corazón
agradece a la larva
la enseñanza de la paciencia
y la resignación.
Y te sientas
como si tuvieras opción
en aquella silla oxidada y maldita
donde se han sentado
sepa cuantos condenados sin valía
como tú
que engullen
sin oportunidad de asco
esee presente de carne cruda
plagado de moscas
apenas digerible.
Ya no pasas hambre
nada te apetece.
Por eso es que los golosos
no entienden tu libertad.

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