Las palabras son moscas

Se aplican dosis de cinismo sin anestesia.

montañas

Antes de nosotros:
la pasmosa e impenetrable realidad del tiempo.
Antes que todo: el verbo.
Tambores a lo lejos.
Un instinto que va susurrando revelaciones.
La primer montaña sagrada: morir.
Cada día un poco más, muertos.
No hay cima, no hay conquista: un recorrido.
Aire en los pulmones, calma, despertamos de nuevo.
Seguir mirando las flores, los pies, las nubes.
Comprobar la existencia de cada pared, muralla, volcán…

Segundo parpadeo.
No estoy segura de lo que veo.
Parece alto, escaso, árido:
es un miedo.
A veces cascada, cálido, sueño:
un deseo.
Escaleras que se construyen artificialmente.
Torres de Babel.
Subir y bajar por peldaños
hechos de voluntad.
Lo que pienso lo creo.
Géisers pactados.
Todo es juego, imitación, recreo.

Tercer montaña sagrada: el precipicio de mí misma.
Brota la jornada más importante,
conocerme mientras camino.
Qué siento, qué soy,
a dónde voy más allá de estas flores.
Cimas que sólo nuestros pies esperan.
Males de montaña enredados
en la maraña de nuestro pensamiento.
Campamentos internos.
Estrellas en otros ojos.
Miedos de noches reservadas a nuestros cansancios.
Escalar emociones submarinas.
Rapel a la intimidad ajena.
Paisajes de los que nadie más puede ser testigo.

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