En una posibilidad de mí, fui alcohólica irrecuperable y perdí todo, incluso la vida a los 49 años.
En una posibilidad de mí, no hubo nadie que me trajera a la superficie de la piscina y morí ahogada a los 7 años.
En otra posibilidad, superé mi miedo al agua, aprendí a nadar y fui deportista olímpica.
En una posibilidad de mí, mi familia muere de cáncer y la nicotina me da tanto pavor como ahora lo hace el azúcar.
En una posibilidad de mí, mi relación con la tristeza es más conflictiva y me suicidé a los 18.
En una posibilidad de mí, después de la ansiedad pude dormir en la oscuridad y llorar con la luz encendida.
En una posibilidad de mí, tomé el taxi equivocado y nunca volví a casa.
En una posibilidad de mí, nadie se da cuenta que tengo el cordón umbilical enredado en el cuello y que mi madre se está desangrando.
Con qué torpeza,
negligente,
nos desplazamos por aquellas circunstancias
que determinan tajantemente nuestra existencia.
Eres el azar por el que pisan todas las posibilidades.
Las realidades que se materializan son las más crueles.
Es difícil ser testigo de lo que acontece.
Realizar una acción sólo para que,
llanamente,
se establezcan las condiciones de otra.
Un presente requiere de otro a cambio.
Necesario.
Pero inmovilizador.
La trampa de los que se creen indecisos.
La parálisis que trae la cobardía,
también es irreversible.
El tiempo va,
pero no viene.
Ser cada vez más cínico,
más maldito,
más vulgar;
esa es la función del tiempo.
Morirse es irse quedando sin
alternativa.
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