Quiero que juguemos.
Quiero la intimidad.
Necesito la intimidad de cuatro paredes blancas para que adormezca mi insanidad.
Quiero una cama cómoda donde descansar mis delirios.
Quiero agua con rocas. Para la sed.
Quiero tenernos de frente y a oscuras.
Para poder dejar sobre el suelo despejado, todo lo que traemos cargando en los bolsillos desde hace tiempo: secretos, amores y recuerdos.
Fracasos momificados, rencores tiesos y alegrías rancias.
Todos los nombres y todas las monedas que tintinean al movernos.
Todos los suspiros.
Y tendidos rededor, jugar a la matatena.
Quiero cultivarte como deseo.
Lanzar la esperanza al aire, y mientras gira, contener la respiración para palpar con la mano ciega la confianza abandonada sobre el suelo.
Palpar despacio para reconocer las pertenencias que toco,
pero con fuerza para agarrarlo todo.
Tentarte todo.
Ganarte.
Y teniendo la realidad de nuevo en las manos,
ver con el brillo del alivio, lo que he cogido.
Que a lo mejor es uno de tus rizos.
Quiero recuperarnos en la apuesta.
Como aman los nerviosos y sedientos.
Quiero que nos amemos como se juega la matatena.
Tomando lo que se pueda,
evitando el descenso.
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