Las palabras son moscas

Se aplican dosis de cinismo sin anestesia.

Monje | Loco | Prisionero

Dentro del encierro propiciado por el COVID-19 podemos identificarnos con cualquiera de estos personajes. La decisión no será, por supuesto, definitiva. Habrá días que nos sepamos locos y nos dolamos, días en los que saldrá pus de las llagas que reviven de los pasados inalterables, días en los que, enfermos permanezcamos en cama y no probemos bocado, días en los que tengamos que alejarnos de los espejos y no lavemos nuestros dientes. 
Habrá días en los que nos sintamos prisioneros, días en los que sintamos que no hay escapatoria y vaticinemos la condena que se aproxima al vivir los estragos que aún no conocemos, días en los que el arrepentimiento nos sobrepase y seamos culpables de todos los errores, incluso de aquellos que no nos pertenecen. Días en los que lo mejor será silenciar la imaginación. 
Y días dorados, días gloriosos, en los que nos declaremos sabios, días en los que recorramos con lentitud la habitación y seamos capaces de apreciar todas las matices de luz, días en los que podremos apartar el polvo con nuestras respiraciones, días en los que florecerán todas las plantas que nuestra saliva toque, y donde el apetito será enorme.
Deseo que descubras que puedes desplazarte. Y que todas las formas son dignas de vivirse.

EPÍLOGO
Culturalmente vivimos un encierro abrupto e inesperado. 
Muchas de las consecuencias son los malestares y miedos que hemos experimentado 
(también revelaciones pero no nos sirven para incrementar el drama en este ultimo recorrido).
La premura de reabrir los espacios públicos, volver a montar las rutinas y olvidar lo sucedido para permanecer inalterados.
Culturalmente vivimos un encierro que resultó insoportable para la mayoría y que se manifestó en aullidos de desesperación, en llantos descontrolados, en reclamos e injurias. Un encierro que no terminó de encarnarse por buscar con despecho cualquier destello de enajenación, cualquier entretenimiento, el refugio del internet como otro exterior. 
Esta desesperación proviene de no poder salir sin cubrebocas en público.
Pero qué hay de quienes no pueden amar en público.
Qué hay de otros encierros.
Los homosexuales, las lesbianas, las machorras, las vestidas, los sidosos, los negros, los idiotas, los adictos, las mujeres, los indígenas, los pobres, los nadie, los menos: los prisioneros de todas nuestras ideologías.
Hay otras formas encierro que también tiene como consecuencia la muerte si no se obedece.
Ojalá que pronto terminen todos los encierros, no sólo los nuestros.

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