Nada bueno,
nunca me ha pasado,
después de los letargos
en los que intento retener la cordura durante días.
Esa cordura vulgar.
La que permite lavar los trastos
y pagar las cuentas.
Nada bueno,
nunca me ha pasado,
después de la mentira voluntaria
y la sordera provocada.
Esa sordera vulgar.
La que permite la negligencia y los malos entendidos.
Como si los malos entendidos existieran.
No existen.
La disposición de entender al otro no puede replicarse,
pero sucede que hay una urgencia de pretensión.
No quise escucharte.
La confianza es tener más poder sobre el que escucha.
Los malentendidos no existen.
Pero el error de apostar por las buenas intenciones nunca hechas, sí.
Nada bueno,
nunca me ha pasado,
después de estaciones de humanidad compartida.
Buenos días, buenas tardes, cómo estás hoy.
Esa humanidad vulgar.
Que se apropia de los dolores y conflictos ajenos,
para amplificar y anunciar los propios.
¡MAL ENTIENDANME!
Veo que hay mucho dolor en el alma humana.
Pero no quiero comprender más.
Veo que hay mucha falsedad en lo que nos rodea.
Pero ya no quiero cuestionar más.
Evidenciar agota y condena.
A nadie le gusta ver su pena expuesta.
Veo que hay mucha muerte en nuestra ciudad.
Pero ya no quiero llorar más.
Deberían asesinar la necedad por la paz.
Toda crueldad es injusta.
Veo que estoy cansada.
Pero ya no quiero dormir más.
Aislarse por el cansancio va aniquilando.
Toda ausencia se desgasta.
Nada bueno,
nunca me ha pasado,
después de los letargos
en los que intento retener la cordura durante días.
Esa cordura vulgar.
La que permite lavar los trastos
y pagar las cuentas.
Regar las plantas,
barrer la acera.
Limpiar el rostro,
preparar la cena.
Llamar al banco,
pasear al perro,
buscar al gato,
abrir las ventanas,
cortarse el pelo,
limarse las uñas,
mirarse al espejo.
Producir, enamorarse, coger, y salivar.
¿Qué vas a hacer con tu inquietud?
No está conectada tu lengua con el corazón.
Ni tus ojos con tus manos.
¿Te estás desbaratando?
¿A dónde quieres llegar con tu torpeza?
¿Qué deseos te sometieron hoy?
¿Qué egoísmos te delataron?
¿Qué esperanzas se derrumbaron?
¿A qué amores diste forma?
¿Y qué vicios mantuviste vivos?
Nada bueno,
nunca me ha pasado,
después de los letargos
en los que intento retener la cordura durante días.
Esa cordura vulgar.
La que permite lavar los trastos y pagar las cuentas.
Deja un comentario