Las víboras no devoran cuervos.
Me dije.
Ni habitan las ciudades.
Depredador.
Las serpientes no hablan.
Depredador.
Ningún reptil sonríe.
Me dije.
Es cierto que los cuervos no buscan ojos.
Me dije.
Ni mueren envenenados.
Depredador.
A lo mejor si te cuido resultas menos peligroso.
Me dije.
Soy un visionario.
Depredador.
A diferencia tuya.
Y tuve razón.
Nunca fuiste letal.
Ni yo una presa.
Aunque miré más de una vez
cómo te escabullías en silencio
para atacar mis garras con tu veneno.
Depredador.
Hubo ocasiones en las que tus colmillos buscaron a propósito mis piernas.
Herir no es lastimar.
Me dije.
Todas las dosis suministradas.
Depredador.
Han acumulado la resistencia.
No sabes de cuántas ponzoñas me he librado
gracias a tu sombra.
Depredador.
Ninguna agudeza como la de tus ojos.
Me dije.
Gracias por salvarme.
De la violenta naturaleza
siendo tú el más ruin.
Depredador.
Y llevé banquetes a la mesa.
¿Esto es lo que hiciste después de mis inviernos?
Qué fue lo que hiciste de nosotros.
Rastrero.
Mientras no estuve en casa.
Volviste la intimidad un despotismo egoísta.
Y la libertad una batalla encarnizada de supervivencia.
¿Supervivencia?
Cuando yo estoy a cargo nunca pasamos hambre.
Y esto es lo que me dejas.
Polvo sobre el plato.
En qué momento.
Depredador.
A qué sonaba tu voz antes del reclamo.
Depredador.
Y cómo se oía mi latido antes del desperdicio.
Depredador.
En algún momento tendrás que estar sobrio.
Alimaña.
¿Este es el único sonido que nos queda?
El desprecio.
Me cansé de llevar piedras a la fuente.
Depredador.
No puedes seguir enroscado en mi vientre.
Depredador.
Cómo es que ya no hay suspiros en el techo.
Y por qué hay tantas fogatas mal apagadas.
Depredador.
No hay peor cobarde que la mentira.
Dónde está la sangre fría.
Y las escamas.
Depredador.
No puedo culparte porque no conozcas
el olor de las nubes.
Me dije.
Te maté
me acuerdo.
Pisé tu cabecita.
Quedó destripada sobre la tierra.
Los cuervos siempre volamos por encima.
Depredador.
Aún no me creo
que haya tenido el temperamento
para triturar un cráneo.
Me dije.
Aún me parece escuchar
tu tsss tsss tsss como lamento.
Te maté
me acuerdo.
¿Qué haces ahora queriendo romperme el cuello?
Por mí puedes intentar ahogarme en tu ponzoña.
Depredador.
No voy a hacer nidos con tus canas.
Me dije.
Tú no conoces si quiera el dolor de mi toxina.
Ni el alcance de mi miel.
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