-Es imposible ignorar tu supuesta agonía. Te has encargado de volverla realmente escandalosa -le dijo el Sol.
Pero aquel hombre no escuchó más que sus propias palabras y continuó:
-Todo aquello que sentimos no es más que la incomodidad de habernos traicionado. Suciedad acumulada. Acumulada por la falta de sinceridad... si tan sólo nuestro deseo partiera de la voluntad de la naturaleza de lo que somos-dijo como un largo suspiro
-Hablas con demasiada rabia como para asegurar que has pasado tiempo en soledad -interrumpió el sol mientras le lanzaba una mirada seria.
Sabiéndose escuchado y herido, el hombre respondió:
-Vamos en búsqueda de compañía y sólo nos encontramos con el vómito del otro. Buscamos y lo único que encontramos es fraude... ¡Ay, el otro!
-¡Oh, infame! Si al menos te atrevieras a amar, no serías un mártir. Sé quién eres: -exclamó el Sol tratando de controlar su furia, pues las ganas de incendiar a un solo hombre prenderían fuego a todo lo viviente- un cobarde. Será mejor que te marches -anunció el astro mientras le daba la espalda- Pudre tu alma con tus propias palabras pero procura que con ellas no marchites mis flores. ¡Anda! arrástrate bajo una cueva ahora que me has visto.
Ve a lamentar que mis rayos no han nacido para ti.
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