Las palabras son moscas

Se aplican dosis de cinismo sin anestesia.

Lo sagrado

Al existir,
nos colamos por las porosidades
de todos los instantes.
Ser,  
es tejer espacio y tiempo.
Sentir el hilo entre los dedos
y recorrerlo.
No todas las manos son tejedoras,
ni todas las mentes diseñadoras.

Espacio y tiempo.
Estos dos elementos se desarrollan en la esfera de lo público.
El cuerpo entra en interacción con lo que le rodea.
Somos otros. Nos envolvemos.
La otredad es quién nos vive.

Somos,
vamos siendo,
dentro de un espacio y tiempo que no son completamente nuestros.
A veces, los tiempos y los espacios en los que decidimos depositarnos
son consecuencia de nuestras habilidades para entretejer
y otras, son simple circunstancia.

Lo peor, y lo más cómodo, que puedes hacerte es vivir la eterna circunstancia.
Yo prefiero tener las manos despiertas y callosas.
Las manos dan, protegen, celebran, acarician y crean.
Se piensa y se siente con ellas.
Somos lo que hacemos.
La voz está en los labios y en el cuerpo.
Hay gargantas que son corazones.
Y ojos que son lenguas.

La intimidad es un espacio.
Es algo a lo que se llega,
que se construye
con el habla, las miradas y los ritmos.
Lo íntimo va más allá del cuerpo.
Y del miedo.
La cercanía más perversa, cruda y pura:
eso es la intimidad.

Lo íntimo es una experiencia religiosa
y por lo tanto una decisión.
Es un acto de fe.
Uno decide a qué personas entregarse
como uno decide a qué dios, santo o espíritu encomendarse.

A los amores eróticos les permito ser falibles.
Pero la amistad es un templo.
Así es cómo yo he construído.

Un templo que reúne lo sagrado.
Los deseos del bien murmurados entre sus paredes.
Las luces encendidas que vigilan las esperanzas en travesía.
Los milagros y las confesiones.
La comunidad y el refugio.
Lo sagrado es la conexión directa entre la vida y la muerte.
Lo que no comprendemos pero que se intuye.
Dentro de mi pecho y bajo mis pies,
vive lo indecible.
Todo lo existente fuera de mí
y que decido no vivir, es lo profano.
Engaño y embrujo.

La intimidad tiene que ver con la desnudez de las almas que nos acompañan,
con los suspiros y las bendiciones.
Sólo ahí es posible la sinceridad y la transparencia.
Exterior a ella todo puede parecernos turbio.
Las intimidades se eligen.

Y yo ya he decidido las mías
entre creaciones.

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