Faro costero,
de tu pecho
marinero.
Soy el aliento
que se cuela
por la rendija
de tus labios,
tormento.
Para inundar
la garganta
de esperanzas.
El recuerdo
clavado
en tu entrecejo.
Soy el sueño
que reposa
en la almohada
y los suspiros
regados en tu calma-cama.
Soy el rostro que
sube por tus fosas nasales.
La alucinación
que te arrastra
con sus ojos abisales.
Saliva
envenenada y cristalina.
¿Seré tu mañana?
Mi querida,
querida,
mentira ordinaria.

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