¿No sabes quién eres al amar?
¿No aún después de todos los desnudos, las culpas, los hechizos, los llantos, los anhelos, los asesinatos y los desfallecimientos?
¿Serás un amante tierno? ¿A caso un salvaje?
¿Serás de los que asaltan o de los que arrullan?
Quienes amé… ¿podrán ser fieles testigos de mis latidos?
¿Y si me acusan de carnívora o de delator?
Sé
que necesito espacio y ruido
para querer desde mí y no desde lo que esperan.
Sé
que todos mis amores tuvieron una intención
y un sentido único, necesario, irrevocable:
construir el mito.
El mito del origen de mi placer
de mi odio,
de mi dolor,
de mi intimidad,
de mis pulsiones,
de mis paraísos y mis heridas.
De todo lo que incendio para amar.
Sé
que todo egoísmo es frágil
a excepción de amar.
Sé
que el amor delata al cobarde repulsivo
al que necesita de altares
al que desparrama sin recato la inmadurez
y la ambición voraz de desear.
Sé
que el amor evidencia miedos
nombra apetitos
y provoca heridas al ego.
Sé
que hay corazones que cre(c)en en libertad.
No sé amar de otra manera
que no sea esta.
Traspasándolo todo.
Aunque el amor sea una promesa de iluminación
y entre soledades quieras implorarlo,
antes de desgarrarte en invocaciones
te digo:
Entrañas
no pidan amor
sino amar.
Exijan el verbo que es la acción
no el sustantivo
que es inerte.

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