Cuidar de otro
Capricornio.
Como los trópicos de mi libro más preciado.
Vuelven.
Los silencios.
Los miedos de Diciembre.
El callar, para sentir.
La quietud en el hacer.
Una calma que no poseo.
Vuelve.
La mirada inigualable y pasmosamente profunda.
El misterio.
La neblina.
Ningún silencio es como el de un Capricornio.
Ninguna embriaguez.
Todo tarda y toma tiempo.
La frialdad de enero.
La tristezas de los inviernos.
La perseverancia que alcanza.
La fuerza con que abraza un Capricornio.
Todo tarda y toma tiempo,
todo es impulso.
La ágil mirada que congenia con la mente.
Quieren todo,
pero despacio.
Como si conocieran el ritmo de la vida.

Deja un comentario