La música es sonido.
El silencio es la intencionalidad del no-sonido.
El silencio como ausencia absoluta de sonido no podría existirnos.
La única manera de percibir el silencio es a través del tiempo.
El silencio es tiempo.
El sentido no es muerto si aislado está el estímulo.
Aún si pudiésemos enfrentarnos al silencio verdadero,
ocurriría que el cerebro crearía sus propias alucinaciones auditivas.
La locura para salvarnos.
¿Cómo callar el latir del corazón?
¿Cómo silenciar la respiración?
¿Cómo lograr que el correr de nuestra sangre se pare?
Y aún muertos, ¿Cómo detener el delirio acústico de nuestros cuerpos descomponiéndose?
El sonido es parte de nosotros y es por eso que podemos reconocerlo.
Somos sonido.
Moraleja: Desaparecidos los sordos.
Surgen los que oyen mal.

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