La resistencia es un bien no deseado.
Incluso es, el elixir de las revoluciones.
Lo primero que se nos pide para combatir, es la resistencia.
Resistir es la energía necesaria para lograr el no movimiento.
No por ello estático.
Lo resistente es fuerte.
Resistir es subversivo.
Soy un ser que se resiste
a la forma.
Me he resistido desde pequeña a enderezar mis dientes chuecos
para que sean estéticos.
Me importa lo que se dice, no cómo luce la boca que pronuncia.
Pero también me resisto a la palabra.
Tengo mucho que decir, pero resisto con mi silencio
hasta que brota sangre de las encías
y la lengua se vuelve arena.
También me resisto a callar.
Y grito.
Me he resistido a la civilización
y me confieso salvaje.
Pero me resisto a esa animalidad que me compone
y uso cubiertos al devorar.
No me anuncio a favor de las definiciones,
pero pongo nombres.
Me resisto a la razón sintiendo.
También desconfío de mi emoción.
He resistido durante tanto tiempo a ser aquello que se me exige que sea.
Resisto a la belleza que se me impone.
Y a las verdades que se me cuentan.
No le creo al buen gusto de unos cuantos.
Me resisto a la maldad que dicta el mundo y a la idiotez que lo envuelve.
Soy estúpida a mi modo.
Me resisto a sostener la cordura con ambas manos.
Parece que resistirme me ha permitido ser lo que otros no son.
Pero se vuelve una letanía.
El mártir de mí mismo.
Me resisto a mi crucifixión.
Hay días en los que me resisto a sentirme viva.
Si tuviera que morir,
me resistiría a resucitar.
No recuerdo.
No tengo memorias ni olvidos.
Me resisto a lo fantasmal,
aunque no tengo carne.
Resistir, tenían razón,
ha hecho que por mis venas no corra sangre
sino pólvora.
Me resisto al estallido.
Lo famable.
Resistir, me hace peligro.
La genialidad de no ceder.
Esa es mi contra-dicción.
Resistir no sólo me ha permitido haser lo que se me da la gana,
sino también ser mi propia trampa.
Me resisto a pertenecer,
y no soy más que un forajido,
errante.
Ningún dios es testigo de mi éxodo.
Me resisto a saberme bella.
Soy sombra
y me niego rotundamente a que el sol permanezca.
Soy cómplice de mis soledades,
me resisto a la compañía.
Me resisto a la fortuna.
Hay magdalenas que no lloran.
Me resisto a reconocer mis dolores,
y los asesino.
Lo mismo para mis esperanzas.
Me resisto a la felicidad que me embriaga
y no sucumbo ante la tragedia que me acecha.
Busco la eliminación de esta inquietud que no tiene cura
pero no me permito la calma.
Me resisto a dejar que mi creatividad muera,
pero tampoco dejo que nazca.
¡Cómo gritar que no soy libre!
Me resisto a mostrar mi intimidad
y luego no puedo dejar de compartirla.
Bocanada de aire.
Entonces surge la letanía
en murmuro
y en penumbra:
Me niego
Me niego
Me niego
Me niego
Soy el mapa que desorienta.
El reloj sin manecillas,
y quien sólo quiera saber la hora
creerá que no funciona.
Soy el alumbrado público
que han olvidado apagar
y que sigue encendido a medio día.
Un olvido fallido.
Soy el llanto que no moja.
La alegría que no sonríe.
El suspiro que nunca dimos.
Una bicicleta sin freno.
La mentira bien dicha.
La sensación de que mi vida
son los restos de una obra maravillosa,
pero en ella no hay milagros.

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