En este presente que nos corresponde,
el acercamiento con un otro es un desfile de pieles.
A penas un cuerpo se desenreda las cobijas,
llega el próximo.
El olor dura más que la presencia.
Y entre gemidos vamos creyendo que ofrecemos confesiones.
Tal pareciera que para hablar de compañías primero se debe estar desnudo.
Hay más saliva que narrativa.
Y ningún deseo se satisface entre tanto cuerpo desechado.
Condones usados.
La producción de orgasmos es tan masiva como la de iPhones.
Catálogo virtual de miembros.
Nada es tan repulsivo como las lenguas húmedas,
amargosas de retener en la garganta tanto vicio,
los lengüetazos desesperados.
Las eyaculaciones insanas.
Las inteligencias vacías.
Sonidos huecos.
Y nada puede nacer de tanto lodo.
Más que garrapatas.
Rostros que apenas se recuerdan al despertar.
Indulgentes con los pesares que acobardan a ese cuerpo que se entrega.
Dejarse llevar por la demanda.
El rastro de sexualidades humanas.
¿Esto nos hemos permitido vivir como deseo?
Pezones que lactan lubricante.
Labios cicatrizados.
Abrazos tardíos.
Latidos decadentes.
Y vienen los gritos, los aullidos, y los temores:
Semen, sangre, sudor y llanto.
No quiero tener que desnudarme para mirarte.
Puedo soportar tu locura sin erecciones.
No necesito escupirte para hablarte. Ni tocarte para encontrarte.
No quiero castigar a un cuerpo que todo lo merece.
Quiero recostarme sobre tu pecho y custodiar con mi frente tu alegría.
Conmigo tu alegría.
Ser testigo de tus penas.
Busca en mi entrepierna la única esperanza que te queda.
Atraviesa mis labios sólo para adorarlos.
Y que cedan sus sonidos.
Que cesen tus alaridos.
En una intimidad que es sólo nuestra.
Y llevarle los domingos flores a nuestros amores desahuciados.
Tomemos té por la mañana,
y refresco los fines de semana.
Deletréame uno a uno tus fracasos.
Compremos un pájaro de plástico
y escuchemos cómo canta.
Toquémonos
sin vulgaridad.
Te ayudo a construir la fantasía.
Estoy cansada de estos cuerpos hastiados.
Ya sin nombre.
Depósitos de fluidos.
Me niego rotundamente
a no verte florecer.
Me niego rotundamente
a los cuerpos solitarios
en perpetua deuda con el placer.
Prefiero ver cómo mi carne se mosquea
antes que ponerla sobre las vitrinas.
Me niego a hablar con los cuerpos,
que nada tienen que decir.
Quiero dirigirme a los corazones que golpean
agitados queriendo ser tocados.
Me demando inmediatamente desobedecer.
Amando.

Deja un comentario